David Barro
Rui Calçada Bastos (Lisboa, 1971) interpreta la realidad
a la manera de Alfred Hitchcock, actuando de protagonista de sus propios films.
Para Hitchcock un señor sentado sobre una silla que oculta una bomba
de relojeria era el ejemplo perfecto para describir gráficamente el suspense;
no sabemos cuando estallará pero si que, tarde o temprano, lo hará.
Aunque en realidad cualquier pretexto era propicio para que Hitchcock regalara
momentos de intriga y angustia, envueltos en ambivalencias morales y conflictos
de tipo psicológico que transpiran cotidianidad y veracidad 18. En las
obras de Rui Calçada Bastos todo sucede lentamente, como en la más
afortunadas películas de suspense. Hablamos de una misma dilatación
del interés que preocupa a artistas como Doglas Gordon, pero que en Calçada
Bastos se ofrece más esquematizada y más ruda, más cercana
a una lógica cinematográfica asimilada como pueden ser las películas
de derie B norteamericanas.
Rui Calçada Bastos juega con lo ambiguo, aunque sin desvirtuar lo concreto,
ya que nunca deforma la imagen en una desmesura expresiva sino que simplemente
desdobla ciertas escenas para trabajar el concepto de identidad. Así,
si bien en vídeos como Personally su cuerpo se desdobla en una
imagen diluida que acaba de salir y desdibujar sus contornos físicos,
la escena siempre permanece para permitir la consciencia de ese desdoblamiento
y de esa identidad quebradiza que nos permitia salir de nosotros mismos como
una especie de sombra. Tal vez por todo ello, insista en ser él mismo
el protagonista desdoblado de sus vídeos, como buscando una identidad
huidiza y construida desde lo fragmentario.
Es obvio que Rui Calçada Bastos bebe de la fuente
cinematográfica, desde onde crea un tipo de imagen híbrida. Valiéndose
del fundido encadenado como elemento ortográfico vital de sus sintaxis,
éste organiza el fragmento en un sosegado desarrollo, siempre con planos
donde aventuramos una profundidad tan excesiva como angustiosa producto de trabajar
los espacios vacíos, un tanto incómodos u hostiles. Por eso cobra
tanta importancia la iluminación, para marcar los tiempos, las distancias,
en definitiva, los vacios. Huidas y acercamientos actúan a modo de claves
enigmáticas que permiten, al tiempo que dificultan, la construcción
del relato. El deseo, la intriga, nos obliga a seguir, paso a paso. Y ahí
se esconde la intensidad poética que emana de los vídeos de Rui
Calçada Bastos, en la paciencia de los largos planos, irreales, capaces
de poner en escena la vivencia subjectiva del tiempo.
En cada plano habita cierto aroma voyeurístico, ya que como espectadores
nunca cruzamos la mirada del personaje, sino que permanecemos ocultos, a modo
de espías.
Por eso existe un abuso de los planos picados y contrapicados, en todo caso
siempre en base a fragmentos que no permiten apreciar la totalidad de la acción.
Esa imagen no completa confiere cierta inseguridad, al tiempo que invita a pensar
lo que queramos pensar.
Para Novalis, sólo lo incompleto puede permitirnos avanzar en la tarea
del conocimiento. Así, pensadores como Nietzsche darán prioridad
a lo incompleto como cualidad artística. Tal vez todo semeje ser una
fractura, una fisura del pensamiento en tanto que experimentación que
deriva en una suerte de indefinición como la explosión de claridad
que acaba por apagar la imagen en Ascenseur. Y es que Rui Calçada Bastos
ofrece pistas de lo que nos quiere contar, siempre tras conjugar lo real y lo
imaginado para enfatizar la inexistencia de una identidad absoluta.
En Quadrifoglio hermana cuatro escenas que pueden funcionar perfectamente
de manera individual, las citadas Personally, Ascenseur, O
caso y Rendez-vous. En ésta última, un hombre recoge
bajo una puerta una carta que alguien en un oscuro apartamento. Cuando procede
a leer la carta nos podemos acceder a su contenido porque la explosión
de luz nos impide, y es precisamente tras este fundido cuando la figura masculina
se convierte en femenina, si bien de una manera muy sutil.
Esa intriga, capaz de convertir al espectador en protagonista-voyeur, es idéntica
en O Caso, donde no acabamos de adivinar qué se cuenta y qué ve
el propio artista. Asi, el artista cobra un nítido perfil de voyeur extensible
a nosotros como espectadores, ya que en sus videos no cruzamos la mirada del
personaje, sino que permanecemos ocultos, a modo de espias de una acción;
y en esa especie de desencuentro hay que situar también su vídeo
Rendez.vous.
En cierto modo, hablamos del cine y de cómo “la preocupación
central del cine de autor es la reaccion, y no tanto la acción; su ámbito
de investigación es el de los efectos psicológicos, las causas
de éstos, la disección de los sentimientos”. De ahí
los filmes de Rosselini, aparentemente vacios de contenido producto de un guión
confuso, sin dirección ni tema único; esa intención le
lleva a sustituir el hollywoodiense plano-contraplano a favor del plano-secuencia,
lo que permite reunir acción y reacción en un mismo plano. Si
atendemos a algunos de los trabajos realizados por artistas actuales, vemos
cómo esa suerte de paralización descriptiva de una acción
ocupa sus intereses.
Por otro lado, alejándose del sabor cinematográfico que bebe del
más típico cine de suspense norteamericano, destacaria tambien
otros tres trabajos de Rui Calçada Bastos; su video instalación
Both of Us, donde el paso del tiempo revela y oculta identidades en
un atractivo juego de ausencias e presencias, Ten years looking forward
to see you, donde conecta gente conocida por el coon una serie de desconocidos
que miran a la cámara; y Casting Thoughts, donde desplaza el
protagonismo de mirada al rostro . Y siempre, reforzando la narrativa con la
fuerza hipnótica del sonido y con una construcción del tiempo
y del espacio como corresponde a los verdaderos codigos de la intriga cinematográfica.
David Barro in cat. Outras Alternativas Novas Experiencias
visuais en Portugal, 2003